Nunca os he hablado del árbol de mi casa
El árbol de mi casa es un centinela de tronco grueso
Nunca he sabido, a ciencio cierto
si el árbol de mi casa es pino
o es abeto.
El árbol de mi casa da sombra en las tardes de verano
dieron sombra la portería de sus ramas
cuando jugaba con mis hermanos.
Es perenne.
Y no da frutos.
Hace poco un mirlo ha venido a vivir al árbol de mi casa,
tiene un bello canto.
El rey mirlo ahora lo llamo.
El árbol de mi casa espera, también
hacia la luz y hacia la vida
el milagro de la muerte del invierno.
El árbol es testigo de primera mano,
implacable, estático y severo
del viento que devasta nuestros campos.
Lloran sus hojas de aguja
con las lluvias de marzo
¡Oh, árbol! silente guardián de mi letargo
Sólo tú me has arropado en la ventana
cuando te miraba en esas tardes
de domingo, de dolor, de llanto.
23 de marzo de 2015
19 de marzo de 2015
Aquí matas un perro y te llaman mataperros
La mesa está servida
las cartas, sobre la mesa.
Por tu parte la esperanza está perdida.
Por la mía, la esperanza cobra fuerza.
Te abrazas al vacío y con ello desesperas
piensas que ésta será tu última canción
crees que lo sabes todo, y lo ignoras de veras
porque en el griego antiguo "Sin" es "Con"
No tienes nada, niño rico
¿tan sólo lágrimas en tu colchón?
y en tu cabeza pájaros huérfanos de pico
Que se cagan en la gente desde el balcón
las cartas, sobre la mesa.
Por tu parte la esperanza está perdida.
Por la mía, la esperanza cobra fuerza.
Te abrazas al vacío y con ello desesperas
piensas que ésta será tu última canción
crees que lo sabes todo, y lo ignoras de veras
porque en el griego antiguo "Sin" es "Con"
No tienes nada, niño rico
¿tan sólo lágrimas en tu colchón?
y en tu cabeza pájaros huérfanos de pico
Que se cagan en la gente desde el balcón
16 de marzo de 2015
28 de mayo de 2014
A Farewell to Albion
"La melancolía es la felicidad de estar triste" Víctor Hugo
"Chsst-Clack"
Sí...Más o menos así. Así es el ruido que ha hecho la lata cuando la he abierto, antes de desparramar el frío zumo de cebada sobre mi garganta. Holsten Pils, de Hamburgo.
Hoy he salido a comprar cuatro cervezas. Al salir de mi cuarto, que huele a mí, que parece que sus pareces ya exhalan el mismo sudor que mis propios poros, me ha detenido mi vecino. Siempre tiene un absurdo tema de conversación o una pregunta demasiado obvia.
De hecho ahora está interrumpiendo mi escritura. ¿Me habré engordao con los espaguettis? La madre que me parió.
Supongo que habrá que aceptar que me ha tocado vivir con él y ya está. Aunque nunca he tenido gran suerte con mis vecinos, de hecho (excepto los que he elegido yo, esos han sido cojonudos).
El caso es que hoy mi vecino, hasta antes de interrumpirme hace escasos momentos, me ha ofrecido fumar marihuana y le he dicho que no, que tal vez luego si eso. Le he contado mi plan de esta tarde: caminar diez minutos de ida y vuelta hasta el Off Licence, un tipo de ultramarinos de los de toda la vida, pero que aquí en Leicester los suelen regentar emigrantes del Indostán, y comprar unas cervezas. Él me ha ofrecido cerveza, que tenía arriba en la nevera, y yo cortesmente la he rechazado, puesto que el propósito de mi plan era pasear, y no conseguir las cervezas en sí (M C).
Hace tal vez una semana que no vemos el sol radiante aquí. Llueve, y no deja de llover. No es una lluvia que cala, ni es un chaparrón. Es una nube de dimensiones estratosféricas que se deshilacha sobre mi pelo, sobre mi cuello, sobre mis manos. Te golpea y no te hace daño. Como golpeaba a aquel infeliz el viejo débil de traje gris con su paraguas, durante cinco años enteros.
Y esque Inglaterra es un país sin horizonte. Es una lontananza gris, plomiza y pesada, que no alberga ninguna esperanza salvo el verde de las hojas de los árboles, que aquí son enormes (sin embargo son solo verdes en esta época del año).
Ya hace unos 9 meses que llegué aquí, desde ese septiembre que agonizaba, solo, muerto de sueño, y muerto de frío. El caso es que hoy en junio, sigo jodido de frío. Y no sólo de frío físico, del que te curte la cara. Tengo frío también en el alma. Porque este gris infinito, esta monotonía de tejados y ladrillos carabistas, manchados, estas casas que parecen abandonadas a la suerte del tiempo y el hacer de la Pachamama.
La gente de aquí es fuerte, yo creo. Cuando salimos a los pubs nocturnos, mi amigo Chris suele ir en mangas de camisa. Dice que no tiene frío mientras anda. Si se para, adquiere frío. Lluvia, vapor, velocidad. Quizá si se para se dará cuenta de la cruda realidad del gris que le rodea... y también tendrá frío en el alma.
El caso es que he decidido ir por ahí porque estaba cuesta abajo. Mi hastío vital ha decidido guiar mis pasos por donde le eran más cómodos, sin tener en cuenta que luego había que regresar, puesto que aún no quiero morir de frío.
Chimeneas en hileras infinitas hasta que se difuminaban con el homogéneo cielo que por Tutatis, estaba cayendo sobre mi cabeza. Una ambulancia y su sirena, que yo siempre he dicho que aquí están muy altas y molestan, transportando a un infeliz al hospital de al lado de la cárcel. Qué tétrico y qué macabro país...
Un hombre martilleando sin saber que aturde mi cabeza, desde un sótano invisible y lúgubre, a la luz de una vela. Ruido, agua, anonimato. Bebo otro trago de cerveza.
El caso es que hoy creo que me siento triste. Nadie a quien hablar bajo un cielo que te asfixia, y aplasta tu cabeza contra el suelo mojado, recordandote, humillado, tu lluvia en soledad.
Y extrañamente sin embargo, como Víctor Hugo, la disfruto.
"Chsst-Clack"
Sí...Más o menos así. Así es el ruido que ha hecho la lata cuando la he abierto, antes de desparramar el frío zumo de cebada sobre mi garganta. Holsten Pils, de Hamburgo.
Hoy he salido a comprar cuatro cervezas. Al salir de mi cuarto, que huele a mí, que parece que sus pareces ya exhalan el mismo sudor que mis propios poros, me ha detenido mi vecino. Siempre tiene un absurdo tema de conversación o una pregunta demasiado obvia.
De hecho ahora está interrumpiendo mi escritura. ¿Me habré engordao con los espaguettis? La madre que me parió.
Supongo que habrá que aceptar que me ha tocado vivir con él y ya está. Aunque nunca he tenido gran suerte con mis vecinos, de hecho (excepto los que he elegido yo, esos han sido cojonudos).
El caso es que hoy mi vecino, hasta antes de interrumpirme hace escasos momentos, me ha ofrecido fumar marihuana y le he dicho que no, que tal vez luego si eso. Le he contado mi plan de esta tarde: caminar diez minutos de ida y vuelta hasta el Off Licence, un tipo de ultramarinos de los de toda la vida, pero que aquí en Leicester los suelen regentar emigrantes del Indostán, y comprar unas cervezas. Él me ha ofrecido cerveza, que tenía arriba en la nevera, y yo cortesmente la he rechazado, puesto que el propósito de mi plan era pasear, y no conseguir las cervezas en sí (M C).
Hace tal vez una semana que no vemos el sol radiante aquí. Llueve, y no deja de llover. No es una lluvia que cala, ni es un chaparrón. Es una nube de dimensiones estratosféricas que se deshilacha sobre mi pelo, sobre mi cuello, sobre mis manos. Te golpea y no te hace daño. Como golpeaba a aquel infeliz el viejo débil de traje gris con su paraguas, durante cinco años enteros.
Y esque Inglaterra es un país sin horizonte. Es una lontananza gris, plomiza y pesada, que no alberga ninguna esperanza salvo el verde de las hojas de los árboles, que aquí son enormes (sin embargo son solo verdes en esta época del año).
Ya hace unos 9 meses que llegué aquí, desde ese septiembre que agonizaba, solo, muerto de sueño, y muerto de frío. El caso es que hoy en junio, sigo jodido de frío. Y no sólo de frío físico, del que te curte la cara. Tengo frío también en el alma. Porque este gris infinito, esta monotonía de tejados y ladrillos carabistas, manchados, estas casas que parecen abandonadas a la suerte del tiempo y el hacer de la Pachamama.
La gente de aquí es fuerte, yo creo. Cuando salimos a los pubs nocturnos, mi amigo Chris suele ir en mangas de camisa. Dice que no tiene frío mientras anda. Si se para, adquiere frío. Lluvia, vapor, velocidad. Quizá si se para se dará cuenta de la cruda realidad del gris que le rodea... y también tendrá frío en el alma.
El caso es que he decidido ir por ahí porque estaba cuesta abajo. Mi hastío vital ha decidido guiar mis pasos por donde le eran más cómodos, sin tener en cuenta que luego había que regresar, puesto que aún no quiero morir de frío.
Chimeneas en hileras infinitas hasta que se difuminaban con el homogéneo cielo que por Tutatis, estaba cayendo sobre mi cabeza. Una ambulancia y su sirena, que yo siempre he dicho que aquí están muy altas y molestan, transportando a un infeliz al hospital de al lado de la cárcel. Qué tétrico y qué macabro país...
Un hombre martilleando sin saber que aturde mi cabeza, desde un sótano invisible y lúgubre, a la luz de una vela. Ruido, agua, anonimato. Bebo otro trago de cerveza.
El caso es que hoy creo que me siento triste. Nadie a quien hablar bajo un cielo que te asfixia, y aplasta tu cabeza contra el suelo mojado, recordandote, humillado, tu lluvia en soledad.
Y extrañamente sin embargo, como Víctor Hugo, la disfruto.
![]() |
| Lluvia, Vapor, Velocidad. William Turner (1844) |
8 de mayo de 2014
Mayo que mayea demasiado.
Ahora que ya no me ampara
el abrigo del minutero
Ni el baile de la lluvia
Ni estas cuatro paredes. Me desespero
Enemigo de mi
y de mi mente, prisionero.
Ahora me pregunto ¿qué hay de ti?
¿Qué luna te miraba
en las noches solitarias de Abril?
¿Qué dichosa pupila archivó tus andares
bajo el sol de ayer en la Gran Vía?
¿Soy sólo yo o tú también
de esos lunáticos que cuentan los días
y en la dulce tortura de la lentitud
del tiempo, se suicidan?
Me he quedao sin sol, y sólo recuerdo
una palabra: Melancolía
el abrigo del minutero
Ni el baile de la lluvia
Ni estas cuatro paredes. Me desespero
Enemigo de mi
y de mi mente, prisionero.
Ahora me pregunto ¿qué hay de ti?
¿Qué luna te miraba
en las noches solitarias de Abril?
¿Qué dichosa pupila archivó tus andares
bajo el sol de ayer en la Gran Vía?
¿Soy sólo yo o tú también
de esos lunáticos que cuentan los días
y en la dulce tortura de la lentitud
del tiempo, se suicidan?
Me he quedao sin sol, y sólo recuerdo
una palabra: Melancolía
12 de marzo de 2014
Noche en Leicestershire
Se agazapa el zorro en su morada entre las vías
del tren, abandonadas a la natural barbarie
del paso inquebrantable de los días.
Hoy la noche ha venido a visitarle.
La hoz afilada, mortal sonrisa de luna
Ha llegado matando, dejando regueros de sangre.
reflejan su luz en la negra laguna
los diabólicos hechizos de las brujas de Macbeth.
No es lugar ni momento para el débil que tiembla
Es noche de monstruos, conjuros y aquelarres.
No seré yo el que les abra la puerta.
El miedo me agarrota, destruye mis baluartes
Temo a esta noche de sombras entre la niebla,
donde nadie conoce a nadie.
del tren, abandonadas a la natural barbarie
del paso inquebrantable de los días.
Hoy la noche ha venido a visitarle.
La hoz afilada, mortal sonrisa de luna
Ha llegado matando, dejando regueros de sangre.
reflejan su luz en la negra laguna
los diabólicos hechizos de las brujas de Macbeth.
No es lugar ni momento para el débil que tiembla
Es noche de monstruos, conjuros y aquelarres.
No seré yo el que les abra la puerta.
El miedo me agarrota, destruye mis baluartes
Temo a esta noche de sombras entre la niebla,
donde nadie conoce a nadie.
9 de marzo de 2014
La fiebre del invierno antes de su Requiem
Muy pronto.
Aunque llegó en su tiempo el aroma de su piel, y sus poros huecos,
ha pasado todo ahora muy pronto.
He despertado al gallo cuando el sol aún estaba adormecido. He oído a los gorriones cantar demasiado temprano. He visto de una estrella fugaz un amanecer que no me lleva a ningún lado.
La he seguido, y he caído sobre el barro. Esa estrella no guiaba mi destino.
He disparado mi única flecha cuando el sol todavía me cegaba,
y he errado mi objetivo.
He vuelto a escribir una historia que nunca acaba.
Muy pronto he vuelto a los senderos del vino,
al pulso fácil, a apostar y perder mis amarracos.
He puesto un precio irrisorio a mi destino
cegado en el rayo de luz del triunfo de Baco.
Muy pronto he querido fraguar los cimientos de esta obra, para mí apoteósica,
antes de que su propia argamasa se secara.
¿Cómo va a secarse si no hay sol,
si aún soy el fugitivo de sus pestañas?
La fragua, el calor.
Nuestro cuerpo entre dos aguas.
Tan pronto frío y tan azul como la luna del arrabal,
tan pronto cálido y azul como la gota suicida en el cristal.
Muy pronto he apostado en la ruleta de tu boca:
"Croupier, todo al rojo
de estos labios de carmín que me provocan".
Muy pronto he de perder la ilusión y la epseranza,
muy pronto he de cansarme del juego inacabado.
Siento que caduca en mi la voz serena y de templanza
de ese rey que aún no ha sido destronado.
Pero antes de que la certidumbre me atraviese con su lanza
Sigo soñando con estar equivocado...
Aunque llegó en su tiempo el aroma de su piel, y sus poros huecos,
ha pasado todo ahora muy pronto.
He despertado al gallo cuando el sol aún estaba adormecido. He oído a los gorriones cantar demasiado temprano. He visto de una estrella fugaz un amanecer que no me lleva a ningún lado.
La he seguido, y he caído sobre el barro. Esa estrella no guiaba mi destino.
He disparado mi única flecha cuando el sol todavía me cegaba,
y he errado mi objetivo.
He vuelto a escribir una historia que nunca acaba.
Muy pronto he vuelto a los senderos del vino,
al pulso fácil, a apostar y perder mis amarracos.
He puesto un precio irrisorio a mi destino
cegado en el rayo de luz del triunfo de Baco.
Muy pronto he querido fraguar los cimientos de esta obra, para mí apoteósica,
antes de que su propia argamasa se secara.
¿Cómo va a secarse si no hay sol,
si aún soy el fugitivo de sus pestañas?
La fragua, el calor.
Nuestro cuerpo entre dos aguas.
Tan pronto frío y tan azul como la luna del arrabal,
tan pronto cálido y azul como la gota suicida en el cristal.
Muy pronto he apostado en la ruleta de tu boca:
"Croupier, todo al rojo
de estos labios de carmín que me provocan".
Muy pronto he de perder la ilusión y la epseranza,
muy pronto he de cansarme del juego inacabado.
Siento que caduca en mi la voz serena y de templanza
de ese rey que aún no ha sido destronado.
Pero antes de que la certidumbre me atraviese con su lanza
Sigo soñando con estar equivocado...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
