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10 de febrero de 2012

La mala suerte

Sientes que hay días en que es mejor no levantarse de la cama. El frío revuelve tu melena mientras tú intentas ignorar la cantidad de hechos importantes que acaecen dicho día.
Fallas a la hora de dormir, alteras tu biorritmo y dejas pasar las horas, como aquel vagabundo que ignora el horario de los andenes, dejando pasar largas colas, y muchos trenes.
Adquiere todo desde entonces una locución de malos acontecimientos, pues ellos nunca han de venir solos.
Acudes a tu examen, crees que lo llevas mal, y lo llevas mal, pues has trabajado menos de lo que deberías, y lo sabes.
Aún así pruebas suerte, la suerte del necio que hace creer que eres superior a los demás.
Pero hoy no.
Orgulloso de tí entregas los folios tal y como te los han entregado, sin un borrón de tinta que ensucie la perfección de la impresora.
Con todo sigues justificándote con argumentos infames, que no son propios de tu persona, o de al menos, de aquella persona que algún día desearías llegar a ser.

Te has estancado en un fango peligroso, donde no hay punto de retorno, y las diversas opciones de continuar te abruman, sin dejarte decidir por fin cuál será tu única, la verdadera salida.

No sabes quién eres, ni qué pretendes; sabes que tienes potencial para hacer lo que deseas, pero algo no funciona bien. Quizá este mandil te venga un poco grande, aunque esa es la excusa fácil.
Luchar por lo que uno quiere suena heróico, épico. Pero quizá esa lucha haya sido abandonada hace tiempo, o al menos, restada la importancia que tenía al principio.

Una nueva brújula tu vida necesita, eso es evidente. Es posible que hayas dejado pasar buenas ofertas en esta compra, aunque quizá no se hayan agotado del todo...
Debes aprovechar más estos momentos.

Pero tus territorios están sembrados de dudas.
¿Se resolverán algún día?
Si existe un Dios, quizá conozca la respuesta

29 de abril de 2011

Hasta pronto, Nacho... 23 Mayo 2009

El otro día me desperté sonriente y con una lágrima resbalando por mi mejilla.
Realmente había tenido un bonito sueño. Iba yo caminando por Andorra, quizá ya me retiraba cuando, de repente, no sé si apareció de la nada o me topaba con él tras una esquina, mis ojos se encontraron con otros de un marrón inconfundible.

Era Nacho.

Mi corazón, palpitante de alegría al reencontrarme con él tras este tiempo, latía con fuerza...
Estuvimos hablando un buen rato, como dos amigos que se encuentran tras unos meses en los que han estado separados.

Me contaba que, allá donde estaba, en aquel lugar, no se estaba del todo mal. Que nos echaba de menos, pero que se encontraba bien. Le recordé lo muchísimo de menos que lo echábamos todos aquí...
Seguía jugando al fútbol, haciendo driblings a los rivales, seguía sonriendo.

Una de sus frases que me gustó fue la de: "No quiero veros tristes". Me dejó sin palabras.
Tras esta agradable charla, me dijo que ya tenía que marcharse, que probablemente iba a despertarme en unos segundos.
A partir de aquí solo recuerdo un largo abrazo entre los dos, anegado de lágrimas.

Después desperté, sudoroso, sonriente y con los ojos llenos de lágrimas. Fue realmente un bonito sueño, una despedida para él, un "hasta pronto"...
Fue el sueño más triste y a la vez el más hermoso y alegre que he tenido nunca.

Sigo pensando que, allí donde esté, tuvo también el mismo sueño, o entró, de algún modo inexplicable, dentro de mí para decirnos a todos adiós...
Sólo me queda decirle una vez más que, gracias por todo, por los buenos momentos allí en la playa o en la nueve, o en los entrenos y partidos...

Hasta siempre, jugón.  Nos veremos pronto.