19 de febrero de 2014

Desolado

Llueve.
Y sólo son gotas.
Y en el mástil de mi guitarra sólo son notas
y mi corazón muerto en su ritmo calla
Y sin embargo, se mueve.

Y agudo es su tono,
como aguda es la lluvia en mi cristal
como dulce es el agua del manantial
como legítima es la lucha
que no abandono.

Y me llevan sus acordes sin sentido
desde este lugar desconocido, de latón
donde nunca triunfa mi canción
a la otra punta del mar, aún desconocido.

De mi alma errante que vaga sin motivo
entre la niebla gris de rostros forasteros,
huye, del dardo mortal y más certero
que es la vida, de este raciocinio fugitivo.

Huye de la realidad, del número y del archivo,
del que lucha sólo para ser el primero.
Sabe que si sigue ardiendo la pólvora de este reguero
perderá todo su valor el seguir estando vivo.

Me encuentro desolado, como desolada la piel
del animal cazado, por el infame fusil del cazador furtivo.




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