3 de noviembre de 2012

Ilargia

Tú y yo.
Otra vez.
Vuelvo a beber contigo, la misma botella, en la misma barra. El ámbar de las dos acaba fundiéndose con la negra encimera que las aguarda. Y si tus dudas se disiparan, otro gallo cantaría...
Aunque soporto tus dudas. Y siempre respeto tu mente...

Hoy huele a una llovizna pronta del mes de Noviembre cuando, inexpertos e inocentes de nosotros, volvemos a la calle a protagonizar lo que el asfalto años después escupirá a los pobres inocentes transeúntes del olvido de nuestras mismas calles.

Quién sabe... pudieran ser nuestros sobrinos.

Sólo pienso que, lo que nos podría haber deparado un mañana esperanzador, se desvanece a esta hora, pronta, preludio del alba, derrumbando los cimientos de todo aquello en lo que quisimos creer, donde quisimos crecer, donde amáramos tal vez.

Hoy hay olas en los baldíos de mi tierra, el los yermos de mis enredaderas y en mi corazón apoteósico de andares sin sentido, de rumbas sin final, de orgullos malheridos.

Hoy reflexiono todos los pasos que he dado, y miro al cielo...... Y soy consciente de que me han descubierto.

No ha sido la policía, ni los bomberos, no me han encontrado ni siquiera tus "tequieros".

Esta noche me ha sorprendido un ente inesperado, un cuerpo incandescente, eterno, moderado e imprescindible.

Hoy me ha sorprendido la Luna.

Luna es la esfera perfecta.
Un halo de luz implacable, sonoro y profundo, que resiste a pintar un firmamento nocturno con un manto negro, como de funeral.
Luna es el blanco de cada noche, que eclipsa las miles de farolas de Manhattan cuando los músicos arrabaleros del jazz salen a la calle, orando a su musa preferida, aquella que pueda ser llena o creciente, según al Dios que está allí arriba le parezca.

Luna es el cometa que guía a los viandantes sin rumbo, sin patria y sin destino, pero que han sucumbido al encanto de la madre Selene para que les guíe en sus affaires personales.

Luna es el astro, por excelencia, de los enamorados. Luna manda en cada instante preciso, exacto, que el chico bese a la inquieta rubia a los pies de su cama, tras una noche de arena compartida bajo la luz de los fuegos artificiales. Luna ha guiado a nobles caballeros al hemisferio de la locura, donde ellos no han sabido más que comprender las directrices de sus venas, que, carentes de todo Rey, campeaban a sus anchas sobre las mentes de los nobles. Les obligaban a matar y morir por sus princesas, y puede que nunca más vuelvan a cortejarlas. Pero mereció la pena.

Luna también es la culpable de que cientos de miles de gatos arrabaleros aúllen al compás, cien mil destellos de música, en una solitaria calle de Montparnasse, donde todo el mundo al menos una vez debería ir; donde a la hora del despertar los poetas, se marchan a dormir.

Luna da valor a los amantes a dar su paso en falso para que la próxima concubina caiga en sus brazos. Si no fuera por ella, poca vida quedaría antes de que la raza humana se extinguiera.

Y siempre ahí, robándole besos a las chicas y ofreciendo versos gratuitos a los poetas, la modelo infinita, la que siempre acude a las Ventas.

Luna ha sido siempre testigo, aunque no nos damos cuenta, de todo lo que hemos sido, de todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos amado.

Luna siempre ha estado ahí, cautelosa, vigilante, testigo de cómo poco a poco la Humanidad ha ido destrozando...civilización tras civilización...
cómo ha ido destruyendo el ser Humano...
 la Tierra.


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