Cuando esta tierra no era maldita
hubo días enteros, llenos de sol y de agua
en los que mis pasos, inconscientes
llegaban moribundos a tu plaza.
Fue en esos días de Otoño
cuando sonaba una guitarra
en tardes de absurdos monólogos
en los que tu voz me tocaba.
Era en esas noches de taberna
que duraban hasta el alba
cuando trepábamos al árbol
a escuchar al gallo y su balada.
Era todo aquello tan nuestro
que no hacía falta espada
pues tampoco había enemigos
con los que librar batalla.
Pero hoy es todo desierto,
mucho hace que no hay agua
ni nube que empape esta tierra
ni siquiera un Dios para ampararla.
Y ya no existen esos días
en los que encuentro tu cara
cómo sería eso posible
yo aquí y tú en Finlandia
Juro sobre mi bandera
Oh, labrador de bonanzas:
Reiremos juntos de nuevo.
Gracias a nuestras semejanzas
Encontraré siempre un amigo allá donde tú vayas.
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