Es tarde ya. No hay tiempo para mucho más.
Me demoré en mi trabajo esta noche
La chica rubia, a mis espaldas, habla con su chico por teléfono.
Ocho minutos. Buen número.
En ocho minutos morirá.
Es oscuro, pero es así.
La chica rubia parece disfrutar con el teléfono.
Es la misma rutina de siempre.
"Yo ahora me pongo a estudiar, tu que tal, yo bien..."
No parece cansarse de ello...
Perdidos, atrapados en las fauces del tiempo.
Muriendo vivos.
Sin disfrutar de las estrellas, sin ver un futuro claro
sin botellas...
Y puede que nos falte ella.
Mañana puede que salga el sol
No lo sé
Es otra incertidumbre
Es un círculo vicioso, como la lengua de las mariposas.
4 minutos. Su fin está cerca.
Pobres de aquellos que arruinan su vida
que mueren día a día, atrapados en cárceles de amor.
Trabajo, autobús, ciudad, demora, lluvia, gris...
Suena la armónica, flanqueada por rasgueos de guitarra.
Sol, verde, prado, cielo, azul, aire, agua, libertad.
Cesa la armónica.
Entra el piano, acompañado de un noctámbulo acordeón.
Pasión, locura, rojo, placer, odio y gozo en partes iguales.
Es el tiempo de los violines ahora.
Frío, otoño, hojarasca, marrón, como los ojos del homicida, agua, viento,
lluvia, gabardina y sombrero.
Aquí aguardo, vaciando con la pluma mi tintero
esperando,impaciente
el próximo invierno
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