Tiemblo de piernas.
Hoy mi cerebro está absuelto
de crímenes pensativos
de los cuales ya deserto.
Se parten las manecillas
de mis relojes eternos.
Gritan como almas del Hades
los compases de mi silencio.
Soy un pedazo de carne
que ni siquiera gusta a los perros
que ladran buscando a su amo
y mientras yo sigo detrás de ellos.
De mi espíritu ya ni hablo
quién sabe si estará muerto
si yace bajo las amapolas
de algún olvidado huerto.
Si voló lejos de aquí
como un cometa siniestro
abandonándome a mi
en la cárcel de mi esqueleto.
E intuyo que no hay amnistía
en este mundo de presos.
Busco tu cara descrita
entre las líneas de este esperpento
leo en tus labios latidos
Y en tus ojos veo el reflejo
de lo que quisimos ser
hace un tiempo
Y por no tener alas,
por demasiado respeto
por demasiado uso de la razón
o por miedo
dejamos que las cenizas
ahogaran nuestros deseos.
Y acabará la pasión
y no habrá más besos
como nunca más hablarán
las bocas que enmudecieron.
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